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La nutria gigante muestra una variedad de adaptaciones adecuadas para un estilo de vida anfibio, las cuales comprenden un pelaje excepcionalmente denso, una cola fuerte en forma de ala y pliegues interdigitales en los miembros. La especie prefiere los ríos y arroyos de agua dulce, los cuales normalmente se desbordan durante la temporada de lluvias; también pueden ubicarse en lagos y manantiales. Construyen asentamientos despejando grandes áreas de vegetación en lugares aledaños a los sitios donde pescan. La nutria gigante se alimenta principalmente de pescado, en particular characiformes (como las pirañas) y bagres; también puede comer cangrejos. No tiene depredadores naturales de importancia (la amenaza más grande fueron y siguen siendo los humanos), aunque debe competir por recursos alimenticios con otras especies como el lobito de río y varias especies de caimán

Amenazas

La especie enfrenta varias amenazas que son críticas para su supervivencia. Después de la década de 1960, la caza por parte de los humanos se convirtió el principal problema para su conservación. Las estadísticas muestran que entre 1959 y 1969, solamente de la Amazonía brasilera, se capturaron por su piel entre 1.000 y 3.000 individuos al año. La especie fue diezmada a tal extremo, que el número de ejemplares capturados se redujo a sólo 12 capturas en 1971. La implementación de la CITES en 1973 redundó finalmente en una reducción significativa de la caza;[3] sin embargo, la demanda de su piel no desapareció por completo: en la década de 1980, el precio de esta alcanzaba los 250 dólares en el mercado mundial. La amenaza para la nutria gigante se acentúa por la falta de precaución de la especie y su intrepidez sobre todo al momento de acercarse a los humanos; al ser activas durante todo el día y por su gran curiosidad son presa fácil para los cazadores.[56] Esta especie en particular es muy vulnerable a la caza, debido a que alcanza la madurez sexual relativamente tarde y a sus interacciones sociales complejas.[3]

Desde la década de 1980, la destrucción y degradación de su hábitat se convirtió en el principal problema para este mamífero. En 2004, se calculó que la especie enfrentaría una disminución de su población de hasta un 50% en los siguientes 20 años (aproximadamente tres generaciones).[1] Por lo general, la invasión a su hábitat inicia con la incursión de los madereros en la selva, privando de vegetación a las riberas de los ríos; posteriormente, los agricultores inician su actividad agotando los suelos y alterando el ambiente. Como resultado de la actividad humana, el rango de distribución de la especie se han restringido a sectores aislados entre si. Esto dificulta a los ejemplares jóvenes que recién han alcanzado la madurez encontrar nuevos territorios y crear grupos familiares.[57] Otras amenazas específicas son dependientes de actividades industriales; incluye la explotación no sustentable de caoba en las áreas de distribución de la nutria,[56] y la concentración elevada de mercurio en los peces que constituyen su dieta, un desecho de la explotación de oro.[58] [59] Los contaminantes del agua que afectan la especie provienen de los desechos de la explotación minera, la extracción de combustibles fósiles y la agricultura; esta última es responsable del depósito de pesticidas y otros compuestos químicos que afectan todos los eslabones de la cadena alimenticia, causando envenenamiento en depredadores como la nutria gigante.
Una amenaza adicional para la nutria gigante proviene del conflicto con los pescadores, quienes a menudo consideran la especie como una amenaza. El ecoturismo también representa un desafío: mientras este recauda fondos y contribuye a sensibilizar a la población respecto a la conservación de la especie, por su naturaleza también representa un riesgo para la nutria, por los medios tecnológicos usados y la perturbación directa de su entorno.[57] Algunas restricciones en el uso del suelo y la intrusión de los humanos son requeridas para mantener la población en su medio natural. Se han propuesto zonas libres de presencia humana, donde la observación de la especie sea realizada desde torres y plataformas de observación. Para proporcionar protección adicional a la especie se ha sugerido limitar el número de turistas permitidos por vez, implementar una prohibición de pesca cerca a los asentamientos, y una distancia mínima de observación de 50 metros.[60]

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