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La empresa japonesa TEPCO, operadora de la planta nuclear de Fukushima, comenzó a verter 11.500 toneladas de agua radiactiva procedente de la central al Océano Pacífico.

Tokyo Electric Power (TEPCO) afirma que la concentración de radiactividad del agua es cien veces mayor al límite legal. Según la prensa nipona, el agua radioactiva procede de depósitos especiales de la planta nuclear.

El objetivo es habilitar espacio en esos lugares para poder trasladar allí el agua con una radiactividad aún más elevada, que inunda los edificios de turbinas de los reactores 1, 2 y 3, y que dificulta seriamente las labores de los operarios de TEPCO para enfriarlos.

¿Qué implica esto?

Los efectos en el medioambiente son innegables, pero, mientras no se sepa con certeza las sustancias liberadas en el mar, solo se puede hablar de supuestos.

Al respecto, Eduard Rodríguez-Farré, radiobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, alertó que en el núcleo de un reactor nuclear existen más de 60 contaminantes radiactivos a partir de la fisión del uranio, unos de vida muy larga y otros de vida muy corta.

El experto aseguró que entre esos contaminantes, los que tendrían mayores consecuencias para el medioambiente serían el yodo, el estroncio 90 y el cesio (C-137). “El yodo afecta inmediatamente y deja mutaciones en los genes, a partir de las cuales se puede desarrollar luego el cáncer de tiroides”, sostuvo.

En tanto, el estroncio se acumula en los huesos un mínimo de 30 años, como si fuera calcio, y durante años continúa irradiando el organismo; “mientras que el cesio queda depositado en los músculos”.

“A largo plazo la contaminación nuclear se deposita en el suelo y en el mar, y se incorpora a la cadena trófica de los peces, que son la base de la dieta en Japón, del resto de animales, de las plantas, la fruta, las verduras”, refirió.

“Este proceso se va bioacumulando, es decir, va pasando de un ser vivo a otro y va empeorando. Un ejemplo de ello es el de los miles de renos que hubo que sacrificar en el Ártico tras Chernóbil, porque estaban absolutamente contaminados a través de los líquenes que habían comido”, agregó.

¿Efectos por miles de años?

Cabe precisar que otro de los elementos que puede liberarse en un accidente nuclear es el uranio. El isótopo 234, uno de los tres que se puede encontrar de forma natural, tiene un periodo de semidesintegración de 247.000 años, recuerda el diario Los Tiempos.

Además, las formas 238 y 235 del uranio, las que se utilizan como combustible en la mayoría de los reactores del mundo, tienen una duración de 4.500 millones de años y de 710 millones de años, respectivamente.
Fuente: Radio programas del Perú