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El abundante pelaje del mono de nariz chata de China es de gran ayuda
en los inviernos crudos. Su rostro extraño también podría ayudar.
Encaramado en un árbol en la Reserva Natural Nacional de Zhou Zhi, este mono
dorado de nariz chata tiene menos de dos años. Alcanza su madurez a los siete.
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Por Jennifer S. Holland / Fotografías de Cyril Ruoso


Oculto en lo alto de las montañas Qin Ling, en el centro de China, un ágil primate de rostro peculiar ha conquistado un paisaje implacable. El mono dorado de nariz chata es una de cinco especies afines, vestigios de lo que una vez fueron poblaciones extensas cuyos grupos taxonómicos se redujeron por el cambio climático tras la última época glaciar. Los grupos que han resistido, viviendo en bandas territoriales que pueden rebasar los 400 ejemplares, han disminuido nuevamente por tala, asentamientos humanos y cazadores. Muchos han sido obligados a aislarse a grandes altitudes, donde capean inviernos prolongados a casi 3 000 metros.

Quedan unos 20 000 ejemplares de la especie de pelaje dorado. Unos 4 000 en la región montañosa donde las autoridades chinas crearon la Reserva Natural Nacional de Zhou Zhi para proteger la especie. Al vivir dentro y fuera de los límites de la reserva, los Rhinopithecus roxellana, cuyo nombre en latín supuestamente se inspiró en una concubina de nariz chata de un sultán del siglo xvi, han hecho grandes adaptaciones para sobrevivir: subsisten a base de líquenes escasos en proteínas y cortezas cuando los árboles ya no tienen hojas. Sus grandes redes sociales los ayudan a rechazar a los depredadores, como la pantera nebulosa.

Las madres tienen mayor jerarquía que las hembras estériles; los machos con múltiples parejas tienen una categoría alta. Lo mismo ocurre con los machos “valientes y perseverantes”, afirma Qi Xiao-Guang, biólogo de la Universidad del Noroeste en Xi’an. Las bandas pueden chocar cuando los territorios se traslapan. Los animales territoriales, como estos primates, muchas veces alardean en vez de atacar, sobre todo para protegerse.

¿Por qué esa cara? Nadie está seguro, pero Nina Jablonski, primatóloga de la Universidad Estatal de Pensilvania, sugiere que el hocico plano evolucionó para combatir el frío extremo, “lo que causaría la congelación de una nariz carnosa, expuesta y sin pelo”.

Fuente:National Geographic el artículo lleva de título: El mono que se fue al frio