EFE: Garimpa, la minería informal del oro que devasta la selva

Minería: Trabajan por cuenta propia, en condiciones miserables y grandes empresas los explotan.
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EFE.- Los garimpeiros son los mineros brasileños autónomos que tradicionalmente han trabajado en la extracción de oro y piedras preciosas, minería artesanal que se denomina garimpa. El auge de estos mineros se produjo en las décadas del 70 y 80 del pasado siglo, cuando en Brasil se extendió la fiebre del oro. Ya en 1990 el número de garimpeiros en este país se estimó en 400.000 personas, distribuidas en 2.000.
Garimpos.
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En Brasil, la mayoría de los garimpos son ricos en oro, cuarzo y minerales asociados a las pegmatitas: turmalina, topacio, berilo, aguamarina, morganita, diamantes o columnita-tantalita.
EL MERCURIO QUE MATA. A estas extracciones de oro informales se asocian graves problemas sociales y ambientales. Entre todos ellos el más importante es el uso del mercurio, utilizado para unir el oro y formar la amalgama. Este metal contamina las aguas de los ríos y se introduce en la cadena trópica, destruyendo la fauna y flora del río, cuando resulta que el pescado es el alimento básico de los pueblos indígenas residentes.
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Además, en los asentamientos de los garimpeiros, alejados de los pueblos en crecimiento, prevalecen condiciones sanitarias precarias, por lo que la propagación de enfermedades entre garimpeiros e indígenas locales es habitual.
El gran fotógrafo brasileño Sebastiao Salgado reflejó en una serie dedicada a los garimpeiros las condiciones infrahumanas en las que viven y trabajan. Lenin Cardozo, fundador de la ONG Grupo Ambientalista de la Universidad de Zulia en Venezuela, y director ejecutivo de los noticieros ambientalistas Canal Azul 24 y Blue Channel 24, explica que “garimpeiro es el término brasileño para identificar a los que se dedican a la minería de manera independiente. En Chile los llaman ‘quirquineros’, y en los otros países de Latinoamérica son los mineros ilegales”.
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Para Cardozo, “los garimpeiros, en su afán de búsqueda de vetas de oro y diamantes, se han transformado en invasores de tierras indígenas ancestrales, envenenadores con mercurio de los ríos, además de depredadores de los ecosistemas, que se manejan al margen de la ley donde organizan sus improvisados campamentos o ciudades móviles”.
Para este experto, las grandes empresas transnacionales se encuentran detrás de esta actividad que, cuando hallan la veta adecuada para la extracción de oro, compran las concesiones mineras para explotarlas y contratan a estos mineros.
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LAS TERMITAS DE LOS BOSQUES. El aumento de la minería ilegal está asociado a la alta tasa de pobreza en Brasil, motivo por el cual, según Cardozo, “ante la imposibilidad de generar empleo o fuentes de trabajo, el Gobierno hace la vista gorda y permite, a través de la regionalización, que a todo aquel que desee probar suerte en la minería de manera independiente se le extienda un permiso, con lo que se desentiende de la destrucción del Amazonas”.
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En Guyana, colonia inglesa hasta 1966, al norte de Brasil, la minería ilegal representa casi el 80 por ciento de la actividad aurífera en las concesiones de oro y diamantes que abarcan casi la mitad del territorio.
Cardozo subraya también que “lo mismo está pasando en la Guyana Francesa, donde gran parte del territorio está cubierto por bosques que están desapareciendo ante la rápida expansión de la minería ilegal, que en los últimos años se ha multiplicado por cinco. Un poco más al este, el otro país vecino de Brasil, Surinam, se encuentra en las mismas circunstancias. En ese pequeño país, la producción actual de oro ronda las 25 toneladas, de las cuales 16 le corresponden a pequeños mineros, siendo la mayoría de ellos ilegales”.
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Son los métodos poco ortodoxos de los garimpeiros en las extracciones de oro y piedras preciosas los que están provocando los daños ecológicos, a los que después se van a sumar los que infligen las multinacionales con sus grandes maquinarias, en opinión del experto.
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El ambientalista también indica que “los garimpeiros trabajan en las minas sin importarles el daño ecológico que causan a los ríos y al medio ambiente. Sabemos que en Brasil más de 2.000 toneladas de mercurio han sido volcados al ambiente por la garimpa desde 1980”.
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“Los garimpeiros usan el mercurio para recoger partículas de oro dispersas en la tierra y hacer la amalgama que, posteriormente, se calienta a elevadas temperaturas para que el mercurio se evapore, lo que contamina a las personas cercanas y al ambiente en general.
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EL DOBLE JUEGO DEL GOBIERNO. El interés que oficialmente suscitó la amazonia, el mayor pulmón del planeta, se acrecentó, sobre todo tras la salida de Marina Silva del Gobierno como ministra de Medio Ambiente para presentar su candidatura encabezando el Partido Verde. Este hecho forzó al Gobierno de Lula a incluir en su programa político más medidas de protección al medio ambiente.
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Sin embargo, para Cardozo, “en Brasil, existe un doble discurso hacia los garimpeiros. Se sabe que actúan de manera agresiva hacia el ambiente, pero al mismo tiempo poseen un marco legal que les autoriza su ejercicio minero. El permiso para garimpar es personal, se tramita a nivel estatal y no está referido a un área concreta. Cuando un minero halla un lugar interesante, puede explotar lo que encuentre, pero en el caso de que abandone el lugar para vender su producto a los mercados de las grandes ciudades y hacer las compras para su abastecimiento, cualquier otro puede tomar su lugar”.
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Para el ambientalista, la situación de los garimpeiros en Brasil demuestra una ambigüedad en el Gobierno en política ambiental, ya que en la Convención sobre el Cambio Climático de Copenhague, de 2009, el entonces presidente Inácio Lula da Silva presentó su “propuesta voluntaria” de frenar la deforestación del Amazonas y llegar a una reducción de 564 millones de toneladas de CO2 para 2020.
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Cardozo indica también que “legislaciones de países fronterizos con Brasil, específicamente entre el noroeste, del lado de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay y Guyana, persiguen a estos mineros sin fronteras que son continuamente deportados. Sin embargo, la protección no ‘oficial’ del Gobierno de Brasil es evidente”.
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Por otro lado, las grandes multinacionales emplean a estos mineros sometiéndolos a unas condiciones laborales penosas.