Plástico, papel, chatarra… todo sirve. La Unión de Padres y Amigos Solidarios del Valle de Elqui, UPASOL, en Chile, ha conseguido que la basura se convierta en su aliada en la lucha contra la exclusión social de los niños con discapacidad.

UPASOL describe la naturaleza de un proyecto que surgió hace 13 años para atender a pequeños de familias con escasos recursos: “¡Upa!” es la expresión que las madres chilenas usan para alentar a sus bebés a dar sus primeros pasos, y el “sol” es la fuente de energía de los proyectos de microemprendimiento ambiental que están poniendo en marcha.


La iniciativa nació en 1998, indica Patricio Santander, presidente de UPASOL, como consecuencia de los estudios que mostraban que cerca del 12 por ciento de población rural del Valle de Elqui sufría algún tipo de discapacidad y no recibía atención alguna.


“Como toda organización pequeña nosotros comenzamos poco a poco. Por aquel entonces llevábamos a los chicos a que los atendieran en Valparaíso”, que está a más de tres horas del Valle de Elqui, donde UPASOL tiene hoy su centro de rehabilitación.


Enclavada en el centro de Chile, Elqui es una comarca dedicada al cultivo de la uva para la elaboración de pisco, pero su población, fundamentalmente rural, tiene pocos ingresos, y los servicios de salud en Chile son caros.


“Teníamos muy claro nuestros objetivos y para cumplirlos necesitábamos hacer del medio ambiente nuestro aliado”, relata Santander. Pensando en garantizar los tratamientos de rehabilitación, Upasol echó mano del reciclaje industrial de todo tipo de materiales.


La basura procesada se convirtió así en el “dinero” con el que los padres y familiares de los niños “pagan” desde entonces los servicios que reciben.


Gracias a las campañas para promover la aportación de deshechos reciclables, la institución cuenta hoy con un centro de reciclaje en la ciudad de Vicuña y otro en La Serena donde almacena la basura que transporte en su propio camión.


Diez médicos y asistentes sociales atienden diariamente a los niños en el centro de rehabilitación y decenas de voluntarios echan una mano para sostener económicamente este proyecto, que el año próximo se extenderá a los adultos con discapacidad.


“Generalmente este tipo de iniciativas se limita a juntar residuos, pero nosotros queríamos hacer algo más grande, queríamos poner en marcha el microemprendimiento”, apunta el presidente de UPASOL. Una acción solidaria que se ha convertido en uno de los 25 proyectos de innovación social premiados en los últimos cinco años por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (de entre un total de 4.800) por su aportación en la lucha contra la pobreza y la desigualdad



 Reciclado y Procesado.

En el reciclaje de los materiales recogidos de la basura participan los propios beneficiarios de acuerdo a sus capacidades, sus familias y voluntarios de la comunidad. Cartón, vidrio, plástico, chatarra, metales, ropa en desuso, artefactos y muebles deteriorados se acumulan en el centro de reciclaje. Después de procesarlos, su valor se eleva significativamente y finalmente son vendidos a empresas transformadoras de Santiago.


Además de los padres, en el proyecto se ha involucrado toda la comunidad, especialmente los sectores con más conciencia en temas medioambientales. Y con la aportación de algunos países, como Japón, y organismos internacionales, como el Programa para el Desarrollo de Naciones Unidas, han comprado máquinas y se han capacitado para hacer el trabajo cada vez mejor.


“Hoy día estamos en muy buen pie, porque podemos mantener los programas de rehabilitación, ampliar nuestra cobertura y difundir nuestra iniciativa para compartir la experiencia con otras organizaciones”, destaca Patricio Santander.


Esta “microempresa” produjo, en 2008, 360 toneladas de material procesado, con un valor de más de 52.000 dólares. En los últimos años el reciclaje ha aumentado un 90 por ciento, lo que ha permitido cubrir cerca del 70 por ciento de los costos del centro de rehabilitación y duplicar el número de niños atendidos, hasta llegar al centenar.




 Un “Área de Negocio”.
Pero para eso necesitan reunir más de 70.000 dólares reciclando cerca de 500 toneladas de basura. “Antes sólo pensábamos en cómo podíamos juntar chatarra; ahora hablamos de nuestra área de negocio”, bromea Patricio.


Una de las ideas que han surgido de este semillero de microempresas es la capacitación en la utilización de hornos de energía solar.
Con el apoyo del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, UPASOL instruye a más de ciento veinte familias de Elqui en la utilización práctica de la materia prima más abundante en esta zona.


El empleo de artefactos solares (hornos, desecadoras, paneles para calentar agua) permite un considerable ahorro para las modestas familias del valle, pero además se ha convertido en una poderosa herramienta en la lucha contra la desertización (cada familia consume anualmente casi una tonelada de leña para hacer carbón).


Las personas que asisten a estos cursos y que construyen sus hornos no pagan ni un solo peso, pero devuelven el favor con la moneda de curso legal en este lugar: la basura.

 “Mucho Trabajo”.
“Ellos quieren levantarse y nosotros les apoyamos con nuestra experiencia. Nos estamos convirtiendo en una referencia, y eso es muy importante. Nosotros compartimos todo, no tenemos secretos ni competencia. Además, la materia prima (la basura) nos sobra”, comenta Patricio con ironía.


“¡Tenemos mucho trabajo!”, dice apuntando a los montones de residuos inorgánicos que se apiñan en el solar de Vicuña,  “pero tenemos plata. Nunca hemos dejado de pagar a nuestros especialistas. Si faltan cinco días para fin de mes y no hay dinero suficiente, trabajamos más, llenamos el camión y lo conseguimos”, relata satisfecho.


“Jamás nos faltará para los tratamientos de rehabilitación. Cuando se trabaja con niños discapacitados la responsabilidad es fundamental, y hay que contar con buenos profesionales”, enfatiza el presidente de UPASOL.


El concepto del cobro mediante materiales reciclables ha hecho posible que personas con discapacidad de bajos recursos accedan a servicios de calidad y que ésta sea una experiencia sustentable que no depende de las siempre inestables donaciones o aportaciones externas.


Pero lo material no es lo más importante en este proyecto.  Cuando se le pregunta por la clave de su éxito, Patricio Santander no lo duda ni por un instante: “todos los padres aman a sus hijos, pero nosotros hemos aprendido a querer a los hijos de otros. Ése es nuestro secreto”.  


Santiago, EFE.


Fuente: El tiempo Ecuador