Lo que parecía un simple llamado al deber de reciclar para cuidar el ambiente, se convirtió en un mea culpa de cómo la búsqueda del tan ansiado progreso de los países está acabando con el planeta. Esto se sintió en la ponencia “Cambio climático: ¿un reto superable?” ofrecida por Francisco Herrera, ecólogo del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas, en el marco de los seminarios semanales que se realizan en el Centro Nacional de Desarrollo e Investigación en Telecomunicaciones (Cendit).

“En lo últimos 30 años ha existido una resistencia, por no decir, inercia, a tratar este tema que ya tiene consecuencias irreversibles”, puntualizó el también biólogo de la Universidad Central de Venezuela. Basándose en informes y gráficos científicos de dominio público (Informe Stern, Huella ecológica, Declaración de Mónaco), explicó que procesos de extinción de fauna y flora, que antes tomaban millones de años, hoy se están produciendo en menos de 200 años. Recalcó que, aún deteniéndose en este momento las emisiones de dióxido de carbono (mayor compuesto contaminante) a la atmósfera, las alteraciones ya registradas se mantendrían casi sin variación en los siguientes 1000 años.

Asimismo, el invitado enfatizó que las causas del cambio climático están más allá de una explicación científica y se deben principalmente a intereses políticos, luego económicos y seguidamente socio- culturales. Para dar una ubicación histórica, recordó los inicios de la revolución industrial en Europa y cómo esta aparente “evolución” hoy se refleja en profundos problemas de pobreza, debido al desigual acceso a los recursos que mantienen las naciones que poderosos.

En particular sobre Venezuela, Herrera aseguró que, si bien son importantes los esfuerzos que se hacen en pro del bienestar social, éstos se basan en la explotación de un recurso natural (petróleo) con escasos planes concretos en la sostenibilidad ambiental. Ejemplificó que, gracias a los ingresos por la comercialización del oro negro, la nación ha podido financiar tres intentos de siembras, las cuales se han visto perjudicadas por extensas sequías y/o períodos lluviosos. Pero este tipo de soluciones no lo pueden costear todos los países ni mucho menos los más pobres (Haití, continente africano).

¿Qué hago?
Antes de pasar al ciclo de preguntas y respuestas, Herrera involucró a los presentes en torno a lo que puede empezar a hacer cada uno ser humano: darse cuenta, reflexionar y difundir la importancia de debatir sobre el daño (político, económico y socio- cultural) de la extracción de minerales de la tierra para ser usados como combustibles. El consejo fue a empezar a hablar con la familia, los vecinos, los amigos para ir encendiendo, tal vez, la inquietud por hacer, y exigir que se haga, algo.

Esta concientización particular, que no se trata sólo de desconectar el cargador del celular y reciclar papel, plástico y vidrio, también involucra el analizar los conceptos y acciones que tenemos sembradas casi en los genes y que se basan en las teorías de consumo. Esto es, determinar si todo lo que “queremos” comprar realmente lo necesitamos y, de ser así, preferir de manufactura nacional o latinoamericana. Con ello, se contribuirá a mermar la explotación laboral de seres humanos que en algún lugar del mundo sólo ganan lo suficiente para medio comer luego de 18 horas de trabajo.

Igualmente, el ecólogo recomendó desconfiar de los científicos con “aureola de la verdad”: aquellos que solo aceptan como válida sus consideraciones y que han llegado a desestimar o sobrevalorar los efectos climáticos a corto, mediano y largo plazo.
  Fuente Radio Nacional de Venezuela