La jara del bosque mediterráneo
Se reconoce el 4 de mayo de cada año como “Día Internacional del Combatiente Forestal”. Estamos acostumbrados a ver imágenes de montes desnudos tras fuegos devastadores que tienen lugar todos los veranos. Los incendios forestales suponen un problema en la actualidad, y se han venido intensificando con la actividad humana.
Reconocemos la labor humana de aquellos que se juegan su vida para frenar las lenguas y garras del fuego. Sin embargo, el fuego es también una perturbación natural en ambientes mediterráneos, razón por la que muchas de las especies vegetales se han adaptado al mismo e incluso se ven favorecidas por él. Estas plantas se denominan pirófitas, y se las han ingeniado de diversas maneras para recuperarse después de los incendios. Muchas especies son capaces de rebrotar mediante vástagos que se generan a partir del cuerpo del individuo quemado. Se denominan plantas `rebrotadoras´ y entre ellas se encuentran el madroño (Arbutus unedo), la encina (Quercus ilex), el lentisco (Pistacia lentiscus) y la coscoja (Quercus coccifera).

Otras especies, como las jaras (Cistus sp), producen muchas semillas de pequeño tamaño que van quedando enterradas en el suelo y que son capaces de soportar las altas temperaturas. Tras el incendio, las semillas encuentran un momento ideal para germinar, ya que se generan espacios abiertos con mucha luz, sin competencia con otras plantas y con nuevos recursos minerales que proceden de las cenizas. Esta estrategia se llama `germinadora´ y para las jaras, al igual que para muchas especies aromáticas típicas del bosque mediterráneo como el romero (Rosmarinus officinalis), el fuego supone una oportunidad de ocupar zonas en las que antes no estaban.

Madroño


Armas naturales para sobrevivir

Otras especies como el pino resinero (Pinus pinaster) y el pino carrasco (Pinus halepensis), desarrollan piñas que permanecen cerradas varios años hasta que el fuego produce la apertura y la dispersión de sus semillas. Esta estrategia se llama `serotinia´ y, en el caso de los pinos mediterráneos, las piñas también pueden abrirse en ausencia de incendios, a diferencia de otras especies de árboles de Sudáfrica, Australia y California, que dependen exclusivamente del fuego para poder dispersar sus semillas.
A pesar de todo, la regeneración de la vegetación después un incendio no es una tarea sencilla. Después del fuego, el suelo queda desnudo y es mucho más vulnerable a la erosión. Además, aunque con las cenizas se liberan nutrientes que estaban almacenados en las plantas, también se produce una fuerte pérdida de materia orgánica. Por eso, algunas acciones humanas encaminadas a la restauración tras los incendios comienzan por proteger el suelo, por ejemplo mediante la colocación de barreras de troncos o virutas de paja para evitar la erosión.

Piñas de pinos

En definitiva, el fuego es una perturbación muy común en los montes mediterráneos y las especies han conseguido adaptarse e incluso beneficiarse del mismo. Después de un incendio se produce una pérdida muy importante de plantas, pero muchas son capaces de recuperarse y también se crea un espacio con nuevas condiciones ambientales al que se pueden incorporar especies que no estaban presentes en la comunidad quemada. Por último, para ser capaces de realizar una adecuada gestión de los montes quemados es fundamental comprender la ecología y los mecanismos desarrollados por las plantas para adaptarse al fuego, un elemento con el que obligatoriamente convivimos año tras año.

Fuente: GEO