Los suelos sufren el vertido constante de todo tipo de residuos, dado que son capaces de retener y acumular los agentes contaminantes durante años, siendo los más habituales los metales pesados, los hidrocarburos, los aceites minerales y los pesticidas. Aunque a corto plazo no se advierten los efectos nocivos de dichos residuos, con el paso del tiempo cualquier alteración del suelo, o incluso, los cambios climáticos pueden ocasionar la liberación de los contaminantes almacenados, pudiendo afectar a otros medios como el aire o las aguas superficiales y subterráneas. Además, como los contaminantes se mueven a través de las capas más permeables del terreno, se corre el riesgo de afectar a las zonas limítrofes.
 
La prevención, cuidando la producción de residuos y tomando medidas de aislamiento y control, debería evitar la contaminación incontrolada de los suelos. Desafortunadamente, no todo el mundo practica ese deseable respeto al medioambiente y la salud de las personas, por lo que finalmente tienen que entrar en juego los tratamientos para recuperar y rehabilitar los suelos una vez que han sido contaminados. Las tecnologías son muy variadas y su utilización depende básicamente de las características del vertido, del contaminante y del medio físico

Las tecnologías son muy variadas y su utilización depende básicamente de las características del vertido, del contaminante y del medio físico

Así, se puede decidir finalmente inmovilizar o contener los contaminantes; eliminarlos, mediante su retirada o transformación; o trabajar sobre el suelo contaminado en su posición de origen o en otro lugar. En cualquier caso, existe una clara evolución hacia el empleo de las técnicas de descontaminación en el mismo lugar mediante la retirada de los residuos o mediante su transformación, a través de la incineración, vitrificación o biodegradación, frente a la inmovilización o contención.

La incineración, al igual que la vitrificación, es un proceso térmico que consiste en el calentamiento del suelo excavado hasta que se produce la volatilización de los contaminantes y, después, su destrucción. En el caso de la vitrificación, la temperatura que se alcanza es tal que se genera una masa vítrea inerte donde se retienen la mayor parte de los contaminantes inorgánicos, al tiempo que los contaminantes orgánicos son destruidos por pirólisis o combustión. Los procesos biológicos que persigue la biotransformación de los contaminantes en productos inocuos presentan normalmente la ventaja de producir una menor alteración de las características naturales de los mismos que la mayoría de las otras técnicas, aunque su principal inconveniente suele ser su lentitud.

Asimismo, las técnicas de tratamiento, basadas en distintos procesos químicos, biológicos o físicos, se encuentran en constante evolución y perfeccionamiento, de manera que se sigue mejorando la capacidad de modificación o destrucción de los contaminantes a fin de que dejen de ser peligrosos o, por lo menos, lo menos peligrosos posibles. Por ejemplo, un novedoso sistema es el que se conoce como ‘electrodescontaminación’, basado en la aplicación de una corriente continua de baja intensidad sobre el terreno para la descontaminación de metales, que está siendo utilizado en Aznalcóllar (Sevilla) para limpiar los lodos metálicos que asolaron en 1998 el cauce del río Guadiamar

Fuente: http://www.consumer.esMedio ambienteMedio ambiente urbano